Toma la palabra

Patricia de la Riva

Psicóloga y estudiante del máster de Políticas Públicas y Bienestar de la Universidad de Oviedo

Me llamo Patricia de la Riva y soy becaria del Ministerio de Educación y Cultura por necesidad desde hace casi 7 años. Decidí estudiar psicología por lo que no tuve más remedio que mudarme desde Cóbreces (Cantabria) a Oviedo. Pertenezco a una familia monoparental y la renta nunca alcanzó el umbral 1, el nivel más bajo dentro de los requisitos de renta. Por esta razón nunca tuve problemas para que me concedieran la beca y siempre me daban la cuantía máxima, incluyendo movilidad y residencia. Gracias a estas ayudas pude terminar mi carrera ya que de otro modo me habría sido imposible.

El Ministro Wert en TVE

El problema empieza cuando decido hacer en 2012 un máster también en la Universidad de Oviedo, cuando la crisis empieza a agravarse y la lluvia de recortes no parece amainar, los presupuestos para becas se reducen y los requisitos no hacen mas que endurecerse. No sólo la situación económica del país en general empeora, sino que también la familiar al tener mi madre un accidente laboral y tener que estar de baja. El dinero que entra en casa es muy escaso y los esfuerzos para que pueda estudiar muy grandes.

Y si las cosas estaban mal, empeoran el primer año de máster al llevarnos la primera sorpresa: la cuantía de la beca se reduce a 1180 euros cuando normalmente me daban en torno a 6000 para poder hacerme cargo del piso, la comida, las facturas, el material escolar y el transporte durante todo el curso. Descubro que mi máster, al estar dividido en dos años, cada curso no llega al mínimo exigido de 60 créditos para beca completa y que se considera por tanto beca parcial o semipresencial por lo que solo me corresponde la parte de transporte y material escolar. Tuvimos que hacer grandes esfuerzos para que el dinero nos llegara, recortando hasta de la comida. Pero ahí no acaban las sorpresas.

Este verano, el ministro de educación Wert decide llevar a cabo una reforma en el sistema de becas que, según él, beneficiaría a los que mejores notas sacaran y más necesidad económica tuvieran. Ahora las becas se dividen en varios componentes: la beca de matrícula, la variable mínima en base a la nota media del expediente y la renta familiar, la cuantía fija ligada a la renta, la cuantía fija ligada a residencia y la cuantía variable en función de la renta familiar y el rendimiento académico. A pesar de estos cambios, pedí la beca igual que todos los años puesto que tenía confianza en que la cuantía no fuera muy diferente a la del año anterior ya que nuestra renta familiar es muy baja y mis notas altas.

Fue ayer cuando descubrí lo ilusa que fui al llegarme la notificación de la concesión de la beca para este curso, que inicié en septiembre, y comprobar que me daban la irrisoria cuantía de 60 euros, 60 vergonzosos euros. Resulta que para las matrículas parciales sólo corresponde la variable mínima, no teniéndose en cuante si residen fuera del domicilio familiar, ni la renta familiar, ni el transporte, ni el material escolar… No se tiene en cuenta absolutamente nada. Al resto de mis compañeros del máster les ha ocurrido lo mismo. Da igual cómo de similar o diferente sea su situación: todos hemos recibido la misma cuantía. Esto es, cuanto menos, indignante.

El Minisiterio de Educación y Cultura en general y Wert en particular dejan así claro que el interés por los estudiantes españoles es nulo. Su supuesta intención de beneficiar a los más necesitados y premiar el rendimiento se ha quedado en nada. Otra mentira más de nuestros políticos. El sistema de becas se ha convertido en un utensilio en manos de estos personajes sirviendo únicamente para recortar y perdiendo su capacidad para igualar oportunidades de los mas necesitados. En este país no se apuesta por la educación de los jóvenes y lo único que están consiguiendo es que muchos estudiantes se queden fuera del sistema, favoreciendo la cada vez mayor fuga de cerebros.

Encontrarme con esta situación ha sido para mí la gota que colma el vaso. Mi indignación y mi impotencia ante estas injusticias han conseguido facilitar el que tome una decisión que ya venía considerando desde hace tiempo: emigrar. Quizás cuando vea que España apuesta por sus ciudadanos y ciudadanas, por los derechos sociales, por la sanidad, por la educación, quizás entonces me plantee volver.