Toma la palabra

 

La Via Campesina

La Vía Campesina celebra del 6 al 13 de junio su VI Conferencia, coincidiendo con su 20º aniversario.

En la delegación compuesta por diferentes organizaciones del Estado Español que participará en dicho encuentro, viajarán mujeres de ENHE Bizkaia, SAT, Plataforma Rural o UAGA-COAG para asistir, además, al encuentro monográfico de mujeres que se celebrará durante el 6 y 7 de junio.

 

 

En el marco de la VI Conferencia de la Vía Campesina que se realizará en Yakarta- Indonesia, mujeres campesinas de Asia, Europa, América y África celebran, el próximo 6 y 7 de junio, su IV Asamblea Internacional de Mujeres bajo la consigna “¡Sembradoras de luchas y esperanza! Por el feminismo y la soberanía alimentaria”.

 

Un grupo de mujeres rurales del Estado Español participará en este encuentro, en representación de organizaciones agrarias como ENHE Bizkaia, SAT-SOC, Plataforma Rural o UAGA-COAG. Leer más


 

Estudio Mujeres en el CIE. Género, Inmigración e internamiento [pdf]

Directora Margarita Martínez Escamilla

La mejor forma de obtener esta información es entrevistando a las mujeres en el CIE, para lo que se solicitó autorización. Tras muchas gestiones, a finales de 2011 comenzamos los encuentros con las mujeres internadas en el CIE de Aluche, hasta que a finales de marzo de 2012 el Director nos comunicó que no podríamos seguir realizando nuestro estudio pues ninguno de los nuevos responsables de Interior había dado el visto para ello. Huelga decir que contactamos con numerosos responsables del Ministerio, sin que hasta la fecha hayamos obtenido respuesta.

Ayer, día 27 de mayo, hemos presentado en el registro de la Dirección General de la Policía, de nuevo, la solicitud formal para la continuación del estudio.

Dado que cuando se nos prohibió la continuación del trabajo de campo no habíamos realizado el número de entrevistas previstas, tuvimos que acudir a otras fuentes de información, a otras metodologías de trabajo y finalmente hemos concluido el presente estudio, del que quisiéramos destacar algunas de las ideas en él expuestas y desarrolladas. Leer más


Informe Oxfam 170

Por Oxfam International

Una mujer que perdió parte de sus tierras a manos de una gran empresa muestra a los investigadores de Oxfam algunos de los vegetales que cultiva en el terreno que le quedó para suplir las necesidades de su familia. (Oxfam/Marc Wegerif)

La nueva oleada de inversiones empresariales en tierras parece tener como objetivo la expansión e intensificación de un modelo de cultivo con poca visión de futuro, el cual, hasta la fecha, ha marginado las voces y los intereses de las mujeres. Al igual que ocurre con la pita, el tabaco y el té en el pasado, los actuales inversores privados en cultivos de soja, jatrofa y eucalipto parecen descartar la producción de alimentos a pequeña escala por parte de las mujeres, al considerarla sin importancia e irrelevante. No podrían estar más equivocados.

La producción de alimentos a pequeña escala y las mujeres que participan en ella son el pilar de los medios de vida rurales. Las mujeres agricultoras, como las que han perdido sus tierras según se pudo comprobar con la investigación llevada a cabo para este documento, producen más de la mitad de todos los alimentos cultivados en el mundo. Aproximadamente 1.600 millones de mujeres dependen de la agricultura para sus medios de vida, pero muchas están actualmente en riesgo por el enorme incremento de las inversiones agrícolas a gran escala por parte de empresas, que amenazan el suministro de alimentos de las personas que viven en la pobreza.

Pocos gobiernos parecen estar considerando el tipo de inversiones que pueden suplir las verdaderas necesidades de las mujeres productoras de alimentos y sus comunidades; es decir, la clase de inversiones que podrían crear una economía rural dinámica y asegurar la sostenibilidad ecológica de las prácticas de cultivo para las generaciones futuras. Si los gobiernos quieren transformar verdaderamente las economías rurales de sus países, las inversiones que incentiven y aprueben deberían permitir que los agricultores puedan buscar sus propias soluciones para el desarrollo rural.

Se están arrebatando los recursos a las mujeres

Ahora no tengo tierra y tengo que hacer pequeños trabajos como lavar ropa para otras personas, como profesores, o trabajar en [otra] granja, para poder conseguir algo de comida. Hoy he trabajado en la granja de la empresa y me dieron harina de maíz suficiente solo para dos ollas de [atole]. Leer más


Por Human Rights Watch

Cientos de miles de mujeres y niñas inmigrantes que trabajan en el sector agrícola de Estados Unidos se enfrentan a un alto riesgo de violencia y acoso sexual en su lugar de trabajo debido a que algunas autoridades y empleadores en este país no adoptan medidas para protegerlas adecuadamente, señaló Human Rights Watch en un informe divulgado hoy. Si bien el actual proyecto legislativo del Senado estadounidense que prorroga la Ley sobre Violencia contra la Mujer (Violence Against Women Act, VAWA) contribuiría en parte a resolver este problema y debería promulgarse, aún queda mucho más por hacer, expresó Human Rights Watch.

El informe de 95 páginas, “Cultivar el temor: La vulnerabilidad de los trabajadores agrícolas inmigrantes frente a la violencia y el acoso sexual en Estados Unidos”, describe casos de violación sexual, acoso, manoseo sin consentimiento, exhibicionismo y uso de lenguaje vulgar u obsceno por parte de supervisores, empleadores y otras personas con cargos de poder. La mayoría de los trabajadores agrícolas entrevistados señalaron que ellos u otros trabajadores que conocían habían recibido este tipo de trato. Y casi todos afirmaron que no habían denunciado estos ni otros abusos por temor a represalias. Quienes habían interpuesto demandas por acoso sexual o denunciado una agresión sexual a la policía lo habían hecho a instancias y con la asistencia de defensores de víctimas o abogados, y afrontando numerosos obstáculos.

“La violación sexual, el manoseo y el lenguaje obsceno por parte de supervisores abusivos no deberían sumarse a las difíciles condiciones laborales que ya toleran los trabajadores agrícolas inmigrantes mientras producen los alimentos que consume el país”, aseveró Grace Meng, investigadora del Programa de Estados Unidos de Human Rights Watch y autora del informe. “En vez de que se valore su aportación, los inmigrantes que trabajan en la agricultura están sujetos a un sistema inmigratorio disfuncional y leyes laborales que los excluyen de garantías básicas que a otros trabajadores raramente se niegan”.
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Pamela Urrutia y María Villellas

Escola de Cultura de Pau

Con motivo del Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme se analiza el papel de las mujeres en las revueltas pacíficas de la llamada ‘Primavera Árabe’.

Mujeres en la Plaza de Tahrir durante las protestas (AP)

Las revueltas acaecidas en los últimos meses en el norte de África y Oriente Medio no sólo han sacudido las estructuras políticas en estos países. También han desafiado algunos estereotipos sobre las poblaciones de la región, y en particular sobre las mujeres. Las movilizaciones han contribuido a matizar la visión simplista y cargada de prejuicios que existe en Occidente sobre las mujeres de la zona. Una percepción que las ha homogeneizado bajo la imagen de la opresión, sumisión y pasividad y que habitualmente las ha asociado a arquetipos estéticos como la mujer bajo el burka o la bailarina del harén. Las mujeres de la zona han sido observadas desde Occidente principalmente desde el prisma religioso, identificando el Islam como la principal fuente de opresión, sin tener en cuenta que la religión es sólo uno de los elementos estructurales que determinan sus condiciones de vida y que conforman el sistema patriarcal que las somete.

La presencia de las mujeres en las protestas ha dejado en evidencia la diversidad y complejidad del tejido social femenino en los países de la zona. En Egipto, en la plaza Tahrir, las protestas contra el régimen de Hosni Mubarak reunieron a mujeres de todas las edades y clases sociales, del medio rural y urbano, formadas y analfabetas, musulmanas, cristianas coptas, laicas y feministas. En Yemen, mujeres han protagonizado las protestas desde el inicio, y cuando el presidente Alí Abdullah Saleh –en el poder desde 1978– las acusó de violar la ley islámica por mezclarse con hombres en las manifestaciones ellas respondieron intensificando sus críticas. Salieron a las calles con más brío, muchas de ellas vistiendo velo integral, no dispuestas a aceptar el uso de un argumento religioso para frenar su movilización. Las mujeres no sólo se han sumado a las protestas, también se han erigido como líderes, han organizado manifestaciones, han movilizado a otros ciudadanos y no han dudado en expresar públicamente su irritación y hastío con la corrupción, las desigualdades y décadas de gobiernos autocráticos. En Túnez, tras la expulsión del poder de Zine el Abidine ben Alí, organizaciones de mujeres también han estado entre las primeras en impulsar la investigación de los abusos a los derechos humanos y han hecho oír su voz para recordar la importancia de construir un nuevo país en condiciones de igualdad.

Tanto en Túnez como en Egipto, el derrocamiento de regímenes autoritarios ha dado paso a fases de transición de resultado aún incierto. Mujeres de estos países comparten la inquietud general sobre la forma en que se canalizarán las demandas de cambio y ante la eventual acción de fuerzas contrarrevolucionarias. Diversos sectores también han explicitado una aprehensión más concreta respecto al posible ascenso de los grupos islamistas –sectores marginalizados hasta ahora de la vida política en ambos países– y el impacto que puede tener en términos de erosión de los derechos de las mujeres. Teniendo en cuenta que la puesta en marcha de un sistema democrático o al menos más representativo conducirá muy probablemente a una mayor presencia de estos grupos, existe temor sobre qué interpretación del Islam político se impondrá. Otra preocupación compartida está relacionada con la marginación de las mujeres en el período post-revolucionario, como ha ocurrido en otros múltiples contextos históricos. De hecho, en clave de alerta, los análisis sobre el curso de las revueltas han hecho referencia a la exclusión de las mujeres después de una participación activa en las luchas anticoloniales en la región, destacando especialmente al caso argelino. La idea es que esa experiencia no se repita, que sus demandas sean tenidas en cuenta y que las mujeres tengan una participación relevante en las nuevas instituciones políticas.

Hasta el momento, los acontecimientos en Túnez y Egipto indican que a pesar de la experiencia común de las revueltas las consecuencias para las mujeres no tienen por qué seguir el mismo patrón, ya que siguen estando condicionadas –entre otros elementos– por la realidad local en términos de género y por las directrices de los actores que lideran la transición. En Túnez, donde la situación de las mujeres es reconocida como una de las más avanzadas de la región, se ha valorado la decisión de las nuevas autoridades de establecer una paridad de género en las listas de candidatos a las próximas elecciones de la Asamblea Constituyente, lo que ha sido destacado como un hito histórico en la zona. En Egipto, por el contrario, los análisis han subrayado la marginación de las mujeres de estructuras clave de la transición. El nuevo primer ministro nombró sólo a una mujer en su gabinete, mientras que ninguna mujer fue incluida en el panel encargado de revisar y proponer reformas a la Constitución, lo que motivó protestas y críticas a la Junta Militar que gestiona la transición. En este contexto, los cambios constitucionales aprobados en marzo también levantaron polémica. Según juristas, la ambigüedad en el redactado del nuevo artículo 75 podía llevar a una interpretación que excluyera las mujeres de la presidencia, lo que motivó a activistas egipcias a exigir una clarificación.

Los acontecimientos continúan precipitándose en la región y aunque no es posible prever aún el resultado de estas revueltas parece claro que la situación de las mujeres –el reconocimiento a sus derechos, su nivel de participación en la vida pública– será una prueba de la dirección que asumirán los nuevos gobiernos. De momento, el papel desempeñado por las mujeres en esta etapa confirma la necesidad de una mirada atenta y sosegada que identifique las distintas opresiones a las que se han visto y se ven sometidas, pero que también contemple sus contribuciones a la democratización de sus países y a la lucha contra el autoritarismo.