Toma la palabra

Un pinchazo al inspector Javier V. le descubre pidiendo a un oficial retener ilegalmente a un individuo e imputarle ‘todos los palos que haya dado un tío’ de sus características 

Por Juan de Dios Ramírez-Heredia. Abogado y periodista. Presidente de Unión Romaní 

Dios mío, Dios mío, ¿pero en qué país vivimos? He tenido que leer la noticia tres veces porque, aunque uno sabe que estas cosas habían pasado muchas veces en nuestras comisarías de policía en tiempos remotos, creía que ya no pasaban, o al menos que no pasaban con la desvergüenza con que han ocurrido en esta ocasión.

Una vez más ha sido la prensa libre de este país la que ha descubierto el impresentable comportamiento de unos policías que deben ser la vergüenza y el bochorno de sus compañeros que son respetuosos de los valores constitucionales. Lo hemos leído en El Mundo y en síntesis esto es lo que ha ocurrido:

Hay en Carabanchel un policía que tiene una pinta de racista que no se la salta un galgo. Los hechos son los siguientes: Un “gitano” ha “pegado un tirón” y ha intentado robar un móvil, pero el inspector Javier V., que sabe muy bien que eso “no da lugar ni a detención”, porque admite que “es una falta de daños”, le dice al Oficial de Robos por teléfono:

“Yo lo que quiero es quitarle de la circulación un día y medio. Vamos, lo que yo quiero es que se joda”.

Reconoce que el joven no ha logrado llevarse el teléfono, pero argumenta:

–”hoy no ha robado ese teléfono (…), pero dentro de un rato va a robar otro. ¿Me explico?”. Y por si el departamento de robos no lo ha entendido bien, añade:

–”Mañana le pasáis a disposición [judicial] como robo con violencia y a tomar por culo. Y se pasa 40 horas entre el juzgado y esto, y nos lo quitamos de en medio casi dos días, porque es que, macho, es que esta gente como no le pasa nada…”.

Pero no acaba aquí la cosa. Más tarde el inspector Javier V llama al Oficial de Robos para decirle que el gitano suele llevar un chándal blanco e ir en bicicleta y que, por lo tanto, le cuelgue todas las denuncias de cualquier persona que lleve algo blanco y vaya en bicicleta:

–”Todos los palos de esas características se los imputáis aunque no le reconozcan, y a tomar por culo. (…) Si a la gente no le da tiempo a verlo, ¿me explico?”. (…) Todos los palos de cualquier tío que se le parezca, con una bicicleta que se parezca, se los imputáis, porque la gente no lo va a reconocer”.

Parece ser que estas actuaciones tan execrables la hacen algunos policías para subir el ranking de eficacia a efectos estadísticos. No obstante, se recoge en el mismo pinchazo telefónico que el inspector pretendía aplicar un remedio preventivo:

–”Que el tío la próxima vez que vaya a robar, lo haga en otro distrito, y que se corra la voz en Carabanchel”.

A modo de moraleja

Nos atrevemos a preguntarle a usted, amable lector, sobre que opina de esta noticia. ¿A favor de quien está? ¿Qué dicen quines ya han emitido su parecer?

Le vamos a dar una pista utilizando la opinión publicada. 48 ciudadanos han expresado su opinión en el mismo diario que desveló la corrupción policial. De ellos, la inmensa mayoría dicen:

─ “Estoy en contra de la corrupción policial pero lo que veo en esta noticia me parece fenomenal”.

─ “Si (la policía) no hiciera este tipo de artimañas el tipo estaría en la calle a tiempo de robarle otra vez el móvil a la vieja antes de que llegara a su casa”.

─ “Con el país repleto de mangantes que se aprovechan de una impunidad grotesca, es de agradecer que haya maderos que se busquen la vida para protegernos aunque sea durante un día y medio”.

─ “Yo al inspector le daba una medalla al mérito. Ha actuado así pensando en que la gente de la calle pueda vivir un poco mas tranquila quitando de en medio a un delincuente unas horas”.

Y así hasta 32 comentarios. Por el contrario, otros ciudadanos afirman:

─ “(…) la Policía ─y mira que los admiro─ no puede jugar a ser Dios, no puede dedicarse a crear pruebas falsas, imputar delitos que no existen o hacerlo a alguien que saben que no los ha cometido, aunque haya cometido otros. (…) Si hoy se les jalea por extralimitarse de esta manera por un motivo que pueda parecer loable o comprensible, mañana tal vez hagan lo mismo por motivos mucho más espurios”.

─ “Aunque me parece escandalosa la manera de manipular pruebas, la verdad es que tengo que reconocer que entiendo que, llegados a determinados extremos, se caiga en ello. (…) Ojo, no lo defiendo, un delito es un delito, lo cometa quien lo cometa, y es más grave aún si los que los cometen son los encargados de evitarlos”.

─ “¿Cómo se puede acusar a alguien de algo que no ha hecho? Decir que “no ha robado pero lo va a hacer” es discriminación. El trato ha de ser el mismo para todas las personas sin discriminar por razón de etnia. La igualdad junto con la libertad, la justicia y el pluralismo político es un valor superior de nuestro estado de derecho”.

Nosotros, los gitanos y las gitanas de la Unión Romaní también tenemos nuestro parecer. Pierdan cuidado quienes puedan pensar que por ser un gitano el que pretendía quitarle el teléfono a la anciana le íbamos a librar de toda culpa. Caiga sobre él todo el peso de la Ley. Pero, eso sí, el que le corresponda. Ni un gramo más por ser gitano. Y mucho menos si por ser gitano ha de cargar con la culpa de sus propias faltas o delitos y las de los demás aunque no los haya cometido. Desde la Unión Romaní hemos dado nuestro testimonio en infinidad de ocasiones posicionandonos con equidad y valentía junto a las víctimas, sean del color que sean, y contra los delincuentes, pertenezcan a la etnia que se quiera.

Y precisamente porque siempre damos la cara en defensa de los valores constitucionales es por lo que ahora estamos legitimados para pedir al juez que instruye el caso en el Juzgado de Instrucción número 25 de Madrid que califique con el rigor que permita la ley al inspector Javier V.

Las herramientas las tiene sobradas en el Código Penal. El artículo 510 es taxativo. 1. Los que provocaren a la discriminación (…) por motivos racistas, (…) serán castigados con la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses”. El punto 2 del mismo artículo establece que 2. Serán castigados con la misma pena los que, con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, difundieren informaciones injuriosas sobre (…) la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía”. Pero como el inspector Javier V. es policía, el artículo

511.3 del Código Penal le reserva una agravante: Los funcionarios públicos que cometan alguno de los hechos previstos en este artículo, incurrirán en las mismas penas en su mitad superior y en la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de dos a cuatro años”.

Todo esto es muy duro, es verdad, pero ¿acaso no lo es que el propio policía le diga a su compañero responsable de robos que Todos los palos de cualquier tío que se le parezca, con una bicicleta que se parezca, se los imputáis, porque la gente no lo va a reconocer?. Y a tomar por el culo”.

 

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