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Save the children

  • Desde Save the Children alertamos de la situación de los niños y niñas sirios y sus familias refugiados en Líbano, Jordania e Iraq, mientras la falta de fondos dificulta las operaciones de ayuda en la región.

Alaa apenas tiene 10 meses y vive ahora junto con su familia en el valle de Bekaa, en Líbano, tras huir de su hogar en Siria. La piel de Alaa sufre los efectos de una exposición extrema al frío.

En nuestro nuevo informe, Fuera en el frío, documentamos como los niños y niñas sirios intentan desesperadamente sobrevivir a las duras condiciones climáticas. Para las próximas semanas se espera nieve y temperaturas bajo cero. La falta de fondos, que se calcula en más de 200 millones de dólares, según ACNUR, está dificultando los esfuerzos de ayuda y poniendo en riesgo a las familias.

Entre los testimonios más desgarradores están los de niños que duermen acurrucados de tres en tres, en refugios hechos con vallas publicitarias y que están cayendo enfermos por el frío. “Cuando siento frío empiezo a tiritar, tengo mucho frío. Me duele la garganta y creo que tengo fiebre. Necesitamos medicinas”. Ines, 8 años, vive en un refugio hecho con vallas de publicidad.

Colabora con los niños y niñas de Siria.

“Las historias que estamos escuchando de los refugiados sirios dejan ver que la crisis se está deteriorando. Cada día llegan nuevos refugiados, pero no hay dinero para atenderlos”, dice Jasmine Whitbread, Directora de Save the Children Internacional. “La comunidad internacional necesita plasmar sus inquietudes diplomáticas y sobre seguridad en inversión para ayudar a los niños. A menos que haya un aumento en la finaciación, miles de niños y niñas van a pasar un duro invierno sin un refugiado adecuado y enfermos”, añade Whitbread.

Unos 400.000 refugiados están viviendo en tiendas, establos, obras y otros refugios temporales mal equipados para proteger contra el frío. Muchos huyeron durante los meses de verano con lo que tenían puesto y no tienen ropa adecuada para el invierno. En Iraq, el único calzado que tienen la mayoría de los niños son las chanclas con las que huyeron.

Distintos países de acogida, similares necesidades

A Jordania han llegado más de 200.000 personas huyendo de su país, la mitad de las cuáles son niños y niñas. La mayoría de las familias dependen totalmente de la caridad y la hospitalidad de la comunidad local que les apoya y comparte sus hogares. El resto, más de 30.000 personas, viven en campos de refugiados.

La mayoría de las familias en los campos viven en tiendas construidas con lonas que dejan pasar el agua cuando llueve. Mientras, en las casas de acogida, familias enteras viven hacinadas en una o dos habitaciones a menudo sin agua caliente ni calefacción y sin apenas ropa de abrigo para protegerse.

En muchos casos, la pequeña cantidad de dinero que los padres lograron traerse ya se ha agotado. Sin capacidad para trabajar –ilegal para los refugiados- la deuda que muchas familias están adquiriendo para poder mantenerse empieza a ser preocupante. El alto coste del alquiler, el gasóleo, la comida y la ropa agrava una situación que se puede considerar de absoluta miseria.

Niños y niñas refugiados sirios viven con sus familias (un total de quince) en este edificio sin terminar en el norte de Líbano. El edificio apenas cuenta con el cemento de las paredes y muchas de las habitaciones ni siquiera tienen ventana.

En Líbano más de 133.000 personas registradas –o esperando a serlo- como refugiadas, aunque la cifra real podría superar los 200.000.

La situación actual es totalmente crítica. No existen campos de refugiados oficiales en Líbano y el influjo de refugiados no muestra signos de frenar. Muchas de las familias viven en espacios alquilados, con serias dificultades para llegar a fin de mes dado que apenas pueden soportar unos precios elevados para su escasa o nula entrada de ingresos. Algunas familias permanecen en hogares de acogida que ya contaban con poco espacio y que ahora se ven obligadas a vivir en situación de hacinamiento.

Los edificios sin terminar y las escuelas abandonadas son otros espacios donde se amotinan las familias refugiadas. Antiguas aulas para el estudio son ahora la única habitación para acoger a familias enteras. Incluso los antiguos rediles para las ovejas se utilizan como improvisados refugios donde algunas familias llevan viviendo más de un año.

A Iraq han llegado más de 60.000 personas como refugiadas, la mayor parte de las cuáles viven en los campos establecidos en la región del Kurdistán y en la zona de desierto de Al Qaem en Anbar, donde Save the Children es una de las pocas organizaciones trabajando.

Las temperaturas están empezando a bajar peligrosamente rozando ya las heladas. La falta de drenaje en los campos se traduce en que el agua inunda todas las tiendas invadiendo el único espacio disponible para los niños y las familias y muchas veces destrozando sus escasas pertenencias.

La mayoría de las familias huyeron de Siria ocn lo puesto y sin apenas ropa de abrigo con lo que, a pesar del frío, no es raro ver a muchos niños en manga corta y sandalias, desprotegidos frente al agua helada de la lluvia y el viento gélido que sopla en las zonas desérticas donde están asentados los campos de refugiados.

Las duchas solo cuentas con agua fría y, a medida que el tiempo se pone más frío, las familias han empezado a dejar de ducharse – muchos niños y niñas nos han contado que llevan semanas sin recibir un baño o una ducha, con el riesgo que ello supone para el incremento de enfermedades.


Una vista general de la campo de refugiados provisional establecido en el valle de Bekaa en Líbano. Más de 150 familias sirias viven aquí tras huir del conflicto y los enfrentamientos en su país. El frío es ahora una de las mayores amenazas a las que están expuestos sin apenas protección.

(1) Comentario

  1. miguel vicente lopez

    Buenas tardes, podríamos acoger en mi familia a una niña siria, el tiempo que fuera necesario, No sabemos que gestiones hay que hacer.

    Saludos

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