Toma la palabra

Silvia Nanclares*

Escritora. Actualmente vive en Francia

He pasado las dos últimas noches durmiendo en el sofá del salón. En la mesa contigua, haciendo las veces de pillow book, de santo grial y de estampita de la Macarena, la imagen del streaming de Sol. No he hecho esto porque esté viviendo sola en medio y del campo y me muera de miedo cuando se va el sol, nooo, lo he hecho porque no podía dejar de hacerlo. Porque era mi única manera de sentir que estaba allí. Porque sí, lo han adivinado, yo soy de las que podrán decir: “No estuve allí (¿qué pasa?”). Y esto, llevando años sufriendo la convivencia en una sociedad presuntamente adormecida (ya desmentiremos esto más adelante), la verdad es que, cuando menos, molesta.

Asumida la frustración de la distancia, utilicé la metodología que creo que ha forjado esta rebelión (aún tengo pudor para decir revolución, aunque hashtag obligue) y que tan bien ha definido Belén Gopegui al zanjar (al hilo de la duda -una vez más- sobre si es pertinente y necesario visibilizar el feminismo en cualquier lucha colectiva): Sol es queer. He hecho de mi debilidad (como todos nosotros estos últimos días, como hace lo queer) una fortaleza. De mi desplazamiento una posibilidad. De mi sensación de estar fuera, un motivo para crear un nuevo “dentro”. De mi pequeñez una grandeza. Ya va a hacer una semana (¡el tiempo se ha comprimido, lo importante, por una vez, se ha impuesto sobre lo urgente!) que muchas estamos en otra textura espacio-temporal. Esta sensación, como todas, bajará. Y espero que cuando baje, dé paso a un movimiento social que si bien menos veloz, pueda ser más resistente, resiliente, distribuido por barrios y por casas: micropolítico.


Hace más de una semana, unos cuantos empezamos a lanzar status, a piar desde Twitter, Facebook y otras plataformas personales como blogs o canales de YouTube, animando a la asistencia a la manifestación del 15M. Como el cinismo (a veces es sólo sano escepticismo y hasta atenta prevención) es una de las constantes en nuestro método de interpretación de la realidad y de la dudosa fe en la posibilidad de que “algo” pase (tengan en cuenta que hemos crecido en el cacareado Fin de la Historia). Yo misma hubiera sido mucho más snob hacia la propuesta de DRY (lo de “real” no me acaba de gustar, ¿lo ven?, somos tremendamente puntillosos, y eso es bueno) si no me hubiera pillado en Barcelona y con un grupo de amigas que andaba ya en danza con la posibilidad de intervenir. (Nótese mi pudor a definirme frente a algo que pueda involucrarme con “la masa”). La posibilidad se hizo real (ahora sí) y de golpe nos plantamos casi sin darnos cuenta en el martes a las tres de la mañana, en medio de una asamblea en la Pza. de Cataluña. Apenas éramos ciento cincuenta personas. La policía había cargado en Madrid la noche anterior y los Mossos no iban a ser tan tontos de repetir el efecto llamada con nosotros. No todas nos quedamos a dormir, pero volvimos a casa hablando de lo potente que parecía la improvisada organización colectiva (recuerdo una bolsa petada de gominolas que rulaba, sí, esto también nos define) y de lo impactante que fue experimentar una asamblea en plena calle. No sé vosotros, pero para mí era la primera vez (en plan masivo y callejero). Soy más de pensar que de activismo (quizá esto sea una coartada de la apatía proverbial), más de dudar que de afirmar y más de estar atenta e ironizar que de hablar sentando cátedra.

Y sí, las asambleas son tela de aburridas. Pero son constructivas. Y no he dicho productivas. No producen necesariamente frutos, producen sentido y producen experiencia (y si de productos estamos ahítos, de las otras dos cosas andamos hambrientos). La Plaza de Cataluña se me reveló como un lugar de aprendizaje. Como madrileña en Barcelona (estas capas siguen subyaciendo), me emocionó que todos estuviéramos mirando a Madrid como “el lugar” sin adjetivos, donde, por fin, había pasado “algo”. Y lo mejor, estaba pasando algo, aún mejor: estaba por pasar. E instalarse en el gerundio y en el futuro imperfecto no es tan sencillo en estos tiempos.

Nuestra ansiedad bulímica de generar contenidos a veces me asusta

En el autobús que me cruzó los Pirineos y que me alejó de “ese lugar y de ese algo” estuve pensando si hacia bien al perderme conscientemente la posibilidad de seguir aprendiendo. Llegué a Toulouse con un pellizco parecido al de la vuelta del campamento adolescente donde te diste un par de besos con uno. Y llevo aquí desde el miércoles. Y digo aquí, pero no es Toulouse. Desde el miércoles vivo en la nube, queriéndome comer la pantalla, con la pestaña del streaming abierta con el volumen a medias como el que pone a Bach de fondo, para inspirarse y trabajar. O a los Animal Collective, o a quien pongáis. Desde el miércoles he entrado en el tiempo de las plazas a través de mi pasillo de LCD. He leído textos, he escuchado ambientes y testimonios, he hecho Follows y Unfollows, he aprendido conceptos, he firmado peticiones y discutido posturas a golpe de tecleo, hasta hemos creado entre muchos una biblioteca de libros descargables para entender de dónde venimos y a dónde queremos ir ahora. He linkado artículos, enlazado vídeos, retuiteado y escrito millones de tweets. Nuestra ansiedad bulímica de generar contenido a veces me asusta, no sé quién asimila todo esto, siquiera si es asimilable. Es igual. Así como el procedimiento asambleario es aburrido pero constructivo, los timelines vertiginosos son inauditamente estimulantes y necesarios en su vocación descentralizadora. Y además generan diálogo. Aunque no lo parezca, van creando retículas de limo que, al final y con descansos mediante, forman un plancton que también produce sentido. De un modo que quizá aún o se ha estudiado, generan conocimiento a su manera, aun cogiendo una velocidad parecida a la del final de 2001, Odisea del Espacio.

Cientos de miles de personas no se coordinan a voces

Ahí dentro, y por dentro me refiero a eso, a la red, a la otra dimensión mental, también pasa “algo”. Y quiero creer que junto con el embotamiento y el dolor de espalda también se da el aprendizaje. Creo en esta nube. De hecho, creo que el streaming de Sol es en cierto modo casi más real que la propia Sol. Que de aquí ya no es “no nos vamos”. Es que vivimos aquí. Y he pensado que las plazas eran una amplificación del lugar donde ha empezado esta “cosa”, este “algo” y no al revés. Que la vida está empezando a pasar más en la red. En todos los sentidos. Y que no es “tan” peligroso. O precisamente, sí lo es. Que de nuestros pasillos interconectados hay un camino que va a dar a las plazas para después volver a nuestras IPs. Que la comunicación unidireccional (y ese ha sido el último aprendizaje/asamblea en red que he tenido, con @kamen, @pedrojimenez y @abrelatas) se debería infectar felizmente por la comunicación “de muchos a muchos” que promueve la red. “La revolución nació en la red, y a la red debe volver para poder desarrollarse. Cientos de miles de personas no se coordinan a voces. […]” dice @_aLinG_ en uno de sus tuits pensantes. Y es ahí donde el procedimiento asambleario podría ser más permeable a la velocidad de pensamiento colectivo e instantáneo que genera la red con sus teclados interpuestos. Muchos lucecitas simultáneas compensando la falta de diálogo que generan los que se autoerigen portavoces. Ahora me doy cuenta, no hace falta que vayamos/estemos todos allí.

Dice @jdelacueva en su TL: “Hemos llegado hasta aquí cada uno por separado. Se puede, por separado, llegar a mucho más”. Y aún segura de que el que no ha pisado una plaza estos días se ha perdido una valiosa posibilidad de experiencia y aprendizaje colectivo, me empodero desde aquí pensando que cualquier posible revolución pasará por la red: y no sólo como método de convocatoria multitudinaria sino como herramienta de comunicación horizontal y pensamiento colectivo donde la muchedad se ponga en juego. En otras palabras: “el pueblo distribuido, jamás será vencido” (@jdelacueva de nuevo). Y en otras más “Tenemos que desorganizarnos” (@preescolar). “Hackear la lógica manida” (@abrelatas) Mi TL sigue bajando frenético, yo sigo en mi sofá conectado, descentralizando como puedo la auto-organización. Y sé que cuando despierte, el streaming de Sol aún estará ON AIR.

(Gracias a todxs los que me han cedido sus tuits-pensantes)

Algunos enlaces para conectar con los matrix de las plazas

http://www.soltv.tv/

http://madrid.tomalaplaza.net

http://www.mediateletipos.net/

http://agoranews.es/

http://www.diagonalperiodico.net/

http://www.unalineasobreelmar.net/

http://democraciarealya.es/

Acampada Virtual

Házte un iglú en el avatar de Twitter

http://periodismohumano.com

Almohadillas víricas

#acampadasol #spanishrevolution #yovoto #acampadabcn #estonosepara #15m

Fotos como hologramas

Galería de Julio Albarrán

Registros para pensar,  pensamientos para registrar

Apuntes de acampadasol, por Amador Fernández Savater

http://madrilonia.org/

Como banco de enlaces, remito al súper-recopilatorio de Delia Rodríguez (@delia2d) en sus dos últimos artículos de en su sección Trending Topics del diario El País.

* Silvia Nanclares, escritora. Ha  colaborado en medios como Periódico Diagonal, Revista Bostezo, Vacaciones en Polonia o Carne Cruda.Actualmente coordina la Escuela de Escritoras Helvéticas y prepara la (auto)reedición de su libro de relatos El Sur:  Instrucciones de Uso.

*Ilustración: Sara Morante ©